Preámbulo al monólogo del escritor
(texto sujeto a cambios)
-Debes
tener un buen trasero… -eso es lo que dicen- y también una voluntad enorme para
afrontar las primeras horas de escritura sentado en una silla posiblemente
incómoda.
Son de las primeras cosas que escuchas cuando comienzas en esta hazaña literaria.
-Escribe sobre lo que conoces y solo así tu trabajo podrá destacar…
Pero ¿qué pasa cuando un escritor ha
vivido gran parte de su vida rodeado únicamente de estudios y paredes vacías?
¿qué pasa cuando ese escritor vive solo de sus sueños? Sucede que, las respuestas
lógicas a esto sobre salen con solo leer las propias preguntas, sin embargo,
ponerlas en práctica puede ser más difícil de lo que parece.
El estado de un escritor puede
variar según su confianza, habilidad e imaginación; esto es sin olvidar el cómo
ejerce el desarrollo de tales capacidades. El escritor se arriesga a una
infinidad de bloqueos repentinos, así como a una lluvia de ideas fugaces que,
de no escribirse en la inmediates, podría arrepentirse gran parte de su vida.
Tener un buen trasero es la parte más solida que se puede tener a la hora de querer
escribir, el problema nunca ha sido ese realmente y quien lo tome tan literal
ya ha comenzado con el pie izquierdo.
Hay
que recordar que a veces solo hablamos con metáforas.