domingo, 18 de noviembre de 2018

El monstruo de la verdad

Día 126 de la tercera eternidad...

Durante varias noches seguidas Aurea (mi mejor amiga), Abraham y yo, nos reunimos en casa para investigar. Motivo: una serie de atentados en el pueblo ocurría al ocultarse el sol. las personas morían asesinadas, lo curioso es que nada ocurría de la misma forma a la noche anterior, la forma de matar siempre era peculiarmente distinta.

Queríamos descubrir el patrón entre cada escena de crimen...

Una noche Aurea marcó, esperaba a que esta vez nos reuniéramos en su casa, ya que eran muchas noches seguidas en la mía, mencionó que Abraham, su hermano y ella estarían allí, por lo que no le vi nada de malo. Debo decir que me costó tener el permiso de mi madre para salir, ella pensaba que se trataba de una treta para escapar del pueblo, sin embargo no explicaba el por qué de sus sospechas, pero aun mas extraño, no tenia ni la menor idea de lo que sucedía en el pueblo, era como si ella fuera inmune.
En plena puesta de sol salí de prisa, no permitiría que la noche me ganase, no ahora, sin embargo cuando llegué a donde se suponía estaba la casa de Aurea solo me esperaba un vacío en plena calle, no había rastros de su casa, y de ella, ni su teléfono respondía. comencé a preocuparme, si regresaba a casa quizá no llegaría, y no sabia por donde comenzar para encontrar a Aurea.

Mi teléfono sonó, Abraham llamaba, también notó la desaparición de Aurea, por lo que sugirió esta vez no buscar pistas, sino enfrentar a lo que seguro atacaría aquella noche, no dejaríamos que nadie importante para nosotros desapareciera. Para ello ideamos un pequeño plan, llegar al bosque de los susurros y así atraer al mal acechante para que los espíritus lo contuvieran, mientras, existirá el plan "Z" para destruirlo.
Después de un rato me encontré con él en un callejón cercano, entrada al bosque, en el camino notamos que había mas gente, la luna se encontraba en la cúspide del cielo. Corrían por los alrededores, muchos tenían sangre goteando de sus labios, gritaban que un monstruo robaba las lenguas de sus victimas.

Escucharlo fue absurdo ¿quien se robaría lenguas humanas?

Estábamos a punto de entrar al bosque, pero una sombra inmensa impedía nuestro camino, era el monstruo. Nos apresuramos para contraatacar, fue listo, entró a nuestras mentes, con ello nos trasladó a otro submundo, el cielo era azul rojizo, el atardecer en un barranco, a punto de resbalarnos.
Ambos escuchamos la voz de aquel monstruo.

-Digan la verdad y no lo lamentarán- haciendo referencia a nuestras lenguas.

Se dirigió entonces a cada uno, lanzando un polvo de estrellas.

-Dirás tu verdad- me habló -Le dirás a Abraham lo que sientes por él, será de frente.

Su voz lastimaba mis oídos, trataba de cubrirlos para que parara. Abraham no podía moverse para impedirlo y mucho menos podía escuchar, hasta que el monstruo volteó asía él, mis oídos dejaron de doler, los papeles cambiaron, dejé de escuchar. La sombra desapareció y de nuevo regresamos al pueblo, donde el caos estallaba entre las personas, en cuestión de horas debíamos decir cada uno nuestra verdad o el monstruo reclamaría nuestras lenguas.
Nos mantuvimos en silencio, ya no podíamos ir al bosque así, fuimos a casa por armas, ninguno estaba dispuesto a decir la verdad. La posible verdad de Abraham me daba vueltas la cabeza.

Preparaba sus guantes sin dedos y tomó de mi cajón unos de mis cuchillos, yo tomé mi daga y capa como escudo, no necesitamos gran armamento para una sombra. Tratábamos de no hacer mucho ruido o si no despertaríamos a mi medre, fue una misión fallida pues de pronto mis tías y demás familiares llegaron a casa creando un escándalo, al decir su verdad el conflicto entre la familia se creó. Tal vez solo era una trampa el decir la verdad, o tal vez no se escucharía la verdad aunque la dijéramos...

Lo hubiera comprobado en ese instante pero Abraham me pidió que saliéramos de casa, corrimos en busca del monstruo, cada vez mas gente muerta en las calles se encontraba, el hedor era casi insoportable. Al encontrarlo peleamos espalda con espalda, evitando que el monstruo nos arrinconara.

-¡El sol!- Alguien lo gritaba.

Observé las montañas del Este, amanecía, los rayos del sol comenzaron a cegarme y entonces Abraham me abrazó, evitando que los rayos me alcanzaran. Cerré los ojos.

-No te preocupes, todo estará bien- susurro en mi oído y me dio un beso en la mejilla.

Abrí los ojos, ya no existía el sonido de pelea, ya no estaba en la calle cercana a mi casa, él ya no me acompañaba. Ahora, el sonido era del viento, me encontraba en el bosque de los susurros y Aurea me acompañaba.

-Te salvó- Se refería a Abraham.

El pueblo era invisible a la luz del sol, debo esperar otra noche para regresar...
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