martes, 14 de febrero de 2023

El último suspiro

Cuando era joven mi padre decía que solo podría jugar con los humanos que tuvieran el último suspiro. Recuerdo que en esos tiempos yo pensaba solo en juegos y en tener amigos, pues no entendía las implicaciones de mi trabajo y padre no se preocupó por explicarme. Supongo que esperaba que comprendiera las cosas por mi cuenta...

    Por lo general nunca tenía una hora definida al salir de tierras sagradas, todo dependía en ese entonces de los permisos de padre. Mis horas preferidas son las cercanas del ocaso, aquellas en donde los humanos duermen con tranquilidad y en donde sé que algunos despertarán. A veces paseo por las calles para observarlos, siempre al salir de noche me encuentro con accidentes o situaciones naturales en el ser humano que marcan su fin. Algunos de ellos duermen al instante, profundamente, otros luchan por seguir despiertos; pero nunca logran verme hasta encontrarse entre el sueño y el despertar.

    Pasear por los parques representaba una aventura completa. Recuerdo una vez cuando conocí a un viejo vagabundo en una noche nevada. Aquella persona tosía mucho por el frío, así que le ofrecí jugar a la pelota para que entrara en calor y que no estuviera solo.

    -Gracias pequeño, ¿cómo te llamas? -Preguntó un tanto pensativo.

    -Mi nombre es Azrael -Le respondí.

    -Bien Azrael, me gustaría jugar un poco.

    Mientras jugábamos el viejo sonreía y corría como podía tras la pelota, yo hubiera ganado de no haberme distraído al admirar su felicidad. Esa noche el humano me dijo que se sentía más vivo que nunca y no paramos de jugar hasta el amanecer.

    Recuerdo que, en las primeras horas de la mañana, el viejo se recostó en una banca del parque para dormir un poco. Justo antes de cerrar sus ojos me agradeció por haberlo acompañado y entonces, me quedé a su lado durante cinco minutos hasta que un policía del lugar se acercó a él mientras dormía.

    -Él está bien -Le dije, pero no parecía verme o escucharme siquiera.

    -Central -Hablaba en su radio- Necesito apoyo. Un hombre en el parque permaneció dormido en las bancas mientras la nevada ocurría…

    Sabía que mi amigo estaba bien, pero no podría explicarle al humano que ya no despertaría en este mundo.

    Así eran mis días y noches, tan rutinarios como interesantes. Siempre había alguien con quien jugar, sin embargo, lo único que me entristecía de conocer a mis compañeros de juego era que verlos implicaba la llegada de su descanso eterno. Cuando llega el fin tienen ese último suspiro: cierran los ojos, respiran profundamente y se van sin más, permanecen tranquilos, esperando descansar.

    Pasear por los hospitales es algo muy común para mí, allí casi todos los humanos pueden verme, por lo que nada me sorprendía de esos lugares. Pero nunca olvidaré el día que la conocí. Recuerdo que era una niña de largos risos obscuros, piel morena y ojos grandes. Cuando la vi entrar al cuarto del hospital me pregunté: ¿Qué hacia allí? Es muy joven para estar aquí…

    Podría decirse que en ese tiempo yo también era un niño, me daba curiosidad el mundo donde trabajo. La primera vez que ella me vio se asustó de mis alas y mi pálida piel, decía que no había niños como yo en su escuela o en el mismo hospital, pero aun así me siguió hablando.

    -Me llamo Micte, ¿quién eres tú?

    -Yo soy Azrael.

    Ella había llegado al hospital por un defecto genético que tenía, sus huesos eran frágiles como el cristal y, aun así, seguía siendo una niña con ganas de descubrir el mundo, como yo. Su enfermedad había empeorado con el paso de los años, no podía moverse con facilidad, si trataba de hacer un movimiento brusco sus huesos quedarían igual que polvo. Ese primer día que hablé con ella descubrí que tenía sueños como nadar en el mar o volar en helicóptero, también soñaba con ser un ave para poder viajar y descubrir cosas nuevas. Por eso le gustaban tanto mis alas, ella quería tener unas iguales.

    Cuando Micte me dijo la primera vez que iría a dormir temí que no despertara, pero después de unos minutos cuando sus padres la vieron, ella se encontraba solo en el sueño nocturno, donde seguro despertaría al día siguiente en este mundo. Esa noche no quería irme del hospital, pero debía regresar con padre para darle el reporte de cuantos humanos había conocido. Muchos de ellos eran mayores o adultos jóvenes con problemas del corazón o alguna otra enfermedad y aunque los accidentes nunca me atraían también se presentaban.

    -Padre, ¿por qué Micte si pudo verme? -Le pregunté curioso- Ella no ha dado el último suspiro.

    -Lo hará -respondió sin dudar- pero tú debes guiarla.

    Tuve miedo al escuchar sus palabras y, por primera vez, deseé que esa humana no tuviera el último suspiro, ella tenía tantos sueños por cumplir…

    Durante la siguiente semana seguí con mi trabajo, jugaba con los humanos antes de que durmieran eternamente y obtenía de ellos una sonrisa sincera. Después de eso visitaba a Micte, pues ella me esperaba con ansias. Decía que sus papás me llamaban su “amigo imaginario”, ya que no le creían sobre mi existencia y además no consideraban posible ver un niño como yo en los pasillos.

    -Tus papás algún día verán a alguien como yo -sonreí con ilusión- padre dice que todos los humanos nos ven en su último suspiro.

    A Micte le emocionó mi comentario, tanto que me preguntó:

    -Cuando ellos te vean ¿los llevarás a donde yo esté?

    Entonces algo en mi interior se rompió, ella sabía que su hora se acercaba. Yo quería que sucediera, sin embargo, no la dejaría sola cuando el momento llegara.

    -Los llevaré de inmediato cuando eso pase -Le dije.

    Esa niña me enseñó muchas cosas en una semana: conocí su mundo, sueños e ilusiones y una forma diferente de entender a los humanos. Gracias a ella aprecié lo importante que es la vida antes de dormir por siempre. Es algo que se debería disfrutar, todos tenemos un tiempo para gozar de ella y aunque muchos la desperdician otros tratan de aprovecharla. No había pensado lo difícil que es para los humanos enfrentarme, o en la función de mi trabajo, hasta que una humana como ella apareció en mi existencia.

    La última vez que vi a Micte con vida se encontraba más feliz que de costumbre, expresaba una sonrisa y una tranquilidad incomparable. Ella sentía que sus huesos no se romperían de nuevo, se sentía con las fuerzas suficientes para caminar y me pidió que saliéramos al jardín cercano para jugar, ver las flores o las aves del lugar. A la primera que pudo se echó a correr durante horas hasta ya no poder más. 

    Cuando la noche llegó Micte comenzó a sentirse cansada. Con mucho temor la acompañé a su cama, ella me pidió que la esperara después de dormir.

    -Gracias por ser mi amigo y acompañarme en mis juegos.

    Fueron sus palabras antes de cerrar los ojos. El viento sopló con suavidad y movía las cortinas lentamente mientras Micte dormía. Momentos después ella respiro profundamente y en su último suspiro una sombra de luz tenue se apartó de ella; las maquinas alrededor de su cama comenzaron a sonar con fuerza y las enfermeras entraron apresuradas a la habitación. Ella no despertaría más en este mundo…

    Sus padres llegaron desconsolados, todos miraban el pequeño cuerpo de cristal, a pesar de sentir que estaban preparados para ese momento se sentían desconsolados por la partida de su pequeña hija. No tuve que hablarles e intentar ser visto por ellos para decirles que ella estaría bien, por alguna razón ya lo saben o al menos eso parecía. Sin saber qué más hacer, recuerdo haber salido del hospital para ir con padre. Tal vez los familiares de Micte ya estaban preparados para su partida, pero yo no lo estaba.

    Lloré por unos largos minutos fuera de ese hospital, pensando en cómo volverla a ver, hasta que una niña de piel morena y risos obscuros se sentó a mi lado en las escaleras del lugar. Era ella. Mis apreciaron por primera vez su nueva imagen, Micte ahora tenía unas grandes alas, me esperaba para que yo la guiara en nuevos mundos. Fue casi increíble ver en ella cuan vivo puedes estar después de morir; la abracé con fuerza, la tomé de la mano y juntos caminamos a las tierras sagradas, donde padre nos esperaría.

    Ella viviría conmigo desde ese entonces para cumplir sus sueños y yo seguiría siendo su amigo por toda la eternidad…



No hay comentarios.:

Publicar un comentario