El cambio de paisaje fue notorio,
admiraba el desaparecer de los edificios, mi reflejo en la ventana se fundía
con el verde de la naturaleza, había pinos y flores por doquier, regresaba a mi
hogar…
Al pasar el tiempo mis párpados se sentían pesados, resistí, recuerdo cada detalle en el camino, incluso mis
padres dijeron que debería dormir o el viaje me seria cansado, era muy
temprano, recién el día comenzaba y no quería perderme de nada. Solo… no, no es
nada, unas simples punzadas en los huesos no me detendrán, además, de seguro lo
olvidaré.
Me sentía de maravilla, al bajar
del coche camine en dirección a la antigua escuela, allí estaría mi maestra y
mejor amiga Nelly, “quizá lea un poco para sus alumnos”, pensaba, en el
transcurso del camino encontré a un amigo, en un principio me pareció extraño
verlo debido a que él no vive aquí en el pueblo.
-¿Por qué estás aquí?- pregunté
-solo visitaba el carnaval ¿iras?
-probablemente
No sabía algo sobre un carnaval,
al parecer era la primera vez que se presentaba este tipo de evento en el
pueblo, entendí el motivo tan repentino por el cual mis padres decidieron
regresar de visita, hace mucho tiempo no lo hacíamos. Entonces mi amigo desapareció,
así de repente, pero no le tome importancia, solo me distraje un rato y ya no
se encontraba, de seguro se fue por algún callejón del camino. Mire la hora.
-joder, es tarde, muy tarde
Los minutos pasaron volando y yo
ni cuenta de ello, corrí, debía llegar, si no, no me daría tiempo de hablar con Nelly, noté
lo largo y cansado que de pronto se tornó el trayecto, de nuevo dolía. Para mi
gran alivio Nelly seguía en la escuela cuando llegue, pero estaba por irse.
-mi niña, que gusto verte- me saludó
con un abrazo- ¿has corrido, verdad?
La respuesta se dio por
entendida, necesitaba recuperar el aire
-iré a casa, las clases ya
terminaron, ¿me acompañas? –dijo al final
-para mi mala suerte no puedo
–respiré profundo- debo ir a casa, mis padres se adelantaron y me esperan para salir.
-es bueno verte de vuelta- sonrió
mientras se alejaba- ¿qué te parece si nos vemos en el carnaval?
Quise contestarle pero ella
también desapareció del camino, de seguro a ella se le hacía tarde, lo repetía
en mi mente.
Seguí caminando, esta vez rumbo a
mi casa, observaba a mis alrededores, estaba por obscurecer, las nubes
terminaron por bajar y caí en cuenta de que me encontraba sola, sabía que no
alucinaba, pues el dolor en los huesos comenzaba a aumentar, como un punzón
quemando en las articulaciones. Caminar se volvió pesado, quería parar a
descansar, sin embargo algo en mi mente me rogaba que no lo hiciera, escuchaba
las punzadas del dolor, tanto que sentía no percibir nada más en mi mente.
-voltea –escuché una vos- voltea
-preferí ignorarla- ¡debes voltear! – gritó esta vez
Sentí una pequeña sacudida en el
cuerpo, alguien me seguía. ¿Cómo reaccionar a esto?, si no me había sucedido
antes.
Quise detenerme para enfrentar de
frente el problema, hasta que, en su alma vi el reflejo de la mía, tenía una
ausencia de brillo cuando devolvió la mirada. Seguí caminando, esta vez
acelerando el paso, mi mente procesaba la imagen pues el dolor no me dejaba
pensar con claridad, ¿a quién acabo de ver? … era un joven, es seguro, pero el pálido
de su piel, muy parecido a la porcelana, me hacía dudar si se trataba de una persona,
la mitad de su rostro estaba roto, solo que, los pedazos flotaban alrededor de
la gran grieta.
-¿es momento de correr?- de nuevo
la vos
Al dar el paso definitivo para
ello algo todavía más ensordecedor que las punzadas logró aturdirme, era el sonido
de un reloj marcando la hora. Una, dos, cinco, ocho campanadas. Cubría mis
oídos para intentar correr ¿de dónde venía ese reloj? Todo comenzó a seguir más
lento note como el tiempo se detenía por el comportamiento de mi reloj, la
manecilla de los segundos, avanzaba al mismo nivel de los minutos, observé a
todos lados de inmediato, mi perseguidor había desaparecido, por lo que mis
pasos tomaron un ritmo lento.
Me quede viendo el suelo de
piedra, tropecé con alguien, alguien transparente, zapatos negros, pantalón y
chaleco de traje, camisa blanca con un moño en el cuello, él. Ahora petrificada
sin poder quitar la mirada, el dolor aumentó, podría gritar por ello, su
expresión era tranquila no parecía querer dañarme, su paz tenía una belleza
aterradora. Comenzó a rodearme, no decía palabra alguna, entonces de la nada
dio pequeños toques en mis muñecas, codos, columna y demás articulaciones,
extrañamente el dolor se iba, pero sentía que todo recaía en mi corazón, la
respiración comenzaba a faltarme, con las fuerzas que me quedaban traté de
caminar de nuevo y así el reloj sonaba, esta vez tenue, él seguía sin mostrar
expresión, analizándome, ¿Cuál es su propósito?
Para mi buena fortuna llegué a
los callejones que se dirigían a mi casa, en un abrir y cerrar de ojos se
convirtieron en mi salvación, el tiempo volvió a tener su ritmo, él seguía
detrás, la diferencia es que no podía avanzar o en todo caso seguirme hasta las
cercanías de mi casa, tal parecía que era la única zona segura para mí.
Corrí, mientras sacaba las llaves
y abrí la puerta, esperaba encontrara a mis padres esperándome, quizá ellos
puedan ayudarme, o ¿entenderán siquiera?, no lo sabré, ellos no me esperaban,
la casa contaba con una sola persona y esa era yo, recorrí todas las
habitaciones con la esperanza de equivocarme. Escapé de una futura prisión para
llegar a otra, si salía de casa es seguro que él me espera, pero si me quedaba,
estaría completamente sola sin ayuda.
-Nelly - pensé- ella me ayudará
Y quien mejor para hacerlo, ella
es quien siempre ha entendido aquello relacionado a lo anti normal
-Debo llegar a ella
Y el problema se planteaba en mi mente,
para verla debo salir de aquí y llegar al carnaval, lo cual en parte era bueno,
ya que el carnaval estaría lo suficientemente cerca, sin embargo el miedo aún
seguía en mí.
-¿Qué tal si pensara que eres
otra persona? –La voz muy inteligente dijo- es un carnaval después de todo, un
disfraz sería lo ideal
Subí a mi habitación, allí
debería tener una que otra ropa por aprovechar, tardé menos de cinco minutos
cuando encontré un curioso conjunto en el ultimo de mis cajones, era vestido
negro, largo, demasiado elegante para ser mío a pesar de ser de mi talla, un
sombrero negro parecido a la misma tela del vestido y por ultimo una máscara,
blanca, de cara competa, con un parche de bordes en el ojo derecho similar a un
antifaz. Pasados los minutos decidí salir, las luces de la calle habían sido
encendidas, por fin la gente salía de sus casas, vestidos de negro, nadie
desviaba la mirada, permanecían calladas, el ambiente era gris, la neblina por
fin ha cubierto el pueblo, no entendía el motivo, se supone que un carnaval es
ruidoso. Sin duda eran diferentes a él, ellos si eran humanos, además de que reconocía
a la mayoría, mis vecinos por ejemplo, en cambio no había señales de mi
familia, en gran parte me alegraba, el estar cerca los dejaría en peligro.
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